La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) se produce cuando el contenido del estómago asciende al esófago y ocasiona síntomas, lesiones de la mucosa o ambos. Es una de las enfermedades digestivas más frecuentes y afecta aproximadamente al 10–20 % de la población occidental.
La hernia de hiato aparece cuando una parte del estómago se desplaza hacia el tórax a través del diafragma. Aunque no todas las hernias producen síntomas, su presencia puede alterar la anatomía de la unión gastroesofágica y favorecer el reflujo.
Síntomas y posibles complicaciones
Las manifestaciones características son la pirosis —sensación de ardor retroesternal— y la regurgitación. También pueden aparecer dolor torácico, dificultad para tragar, digestiones pesadas o sensación de plenitud.
Algunos pacientes presentan tos crónica, ronquera o síntomas laríngeos y respiratorios. Sin embargo, estas manifestaciones pueden tener otras causas, por lo que no deben atribuirse al reflujo sin una evaluación adecuada.
La exposición continuada del esófago al contenido gástrico puede producir esofagitis, úlceras, estenosis péptica o esófago de Barrett. La persistencia de los síntomas, especialmente si existe disfagia, anemia, hemorragia digestiva, vómitos o pérdida de peso, requiere una valoración especializada.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la historia clínica y, cuando está indicado, en pruebas que permiten evaluar la anatomía y la función esofágica:
La endoscopia digestiva alta identifica esofagitis, estenosis, esófago de Barrett y otras alteraciones.
La monitorización ambulatoria del reflujo mediante pHmetría o pH-impedanciometría cuantifica la exposición esofágica y analiza su relación con los síntomas.
La manometría esofágica de alta resolución estudia la motilidad y descarta trastornos motores. Es una exploración esencial antes de la cirugía.
El tránsito esofagogastroduodenal puede aportar información anatómica adicional en hernias de hiato grandes o complejas.
La demostración objetiva del reflujo y la correcta selección del paciente son fundamentales antes de indicar un tratamiento quirúrgico. Las guías del American College of Gastroenterology y el Consenso de Lyon 2.0 establecen los criterios actuales para su diagnóstico.
Tratamiento
El tratamiento inicial incluye medidas higiénico-dietéticas y medicación antisecretora, principalmente inhibidores de la bomba de protones. La cirugía puede estar indicada cuando existe reflujo demostrado con síntomas persistentes, regurgitación relevante, complicaciones, intolerancia al tratamiento médico o una hernia de hiato sintomática que requiere corrección.
La intervención consiste en reducir el estómago a la cavidad abdominal, reparar el hiato diafragmático y reconstruir la barrera antirreflujo. Habitualmente se asocia una fundoplicatura, que puede ser completa —Nissen de 360°— o parcial. La técnica debe individualizarse según la anatomía, la motilidad esofágica y las características del paciente; las guías de SAGES consideran válidas ambas opciones en pacientes adecuadamente seleccionados.
El abordaje mínimamente invasivo, laparoscópico o robótico, permite realizar la reparación mediante pequeñas incisiones y favorece una recuperación más rápida. Aunque los resultados son generalmente satisfactorios, deben valorarse posibles efectos adversos, como disfagia, dificultad para eructar, distensión abdominal o recurrencia de la hernia.
En la Sección de Cirugía Esofagogástrica y Bariátrica del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, el tratamiento se planifica de forma individualizada, integrando evaluación funcional, experiencia en cirugía mínimamente invasiva y seguimiento especializado.




